EL IMPASSE SAHARAUI

28 de Diciembre de 2018

EL <i>IMPASSE</i> SAHARAUI

Como ya comentábamos en otra entrada de blog, durante los días 5 y 6 de Diciembre el Enviado Especial del Secretario General para el Sáhara Occidental, Horst Köhler, logró reunir tras muchos años a Marruecos y al Frente Polisario y, en calidad de Estados observadores, a Argelia y Mauritania. Os transmitíamos la noticia desde un punto de vista absolutamente aséptico, pero hoy queremos trasladaros la visión y reflexión de un compañero saharaui:

En esta mesa redonda no se ha negociado nada, pues ha sido organizada como un paso previo que pretende fijar una ruta para futuras negociaciones que, oficialmente, tendrán lugar en el primer trimestre de 2019. Las posturas de cara a la opinión pública siguen siendo las mismas: Marruecos se mantiene inamovible en su oferta de autonomía y el Frente Polisario insistente en la convocatoria de un referéndum que provea la libre determinación para el Pueblo Saharaui.

No son los primeros intentos de negociación en un conflicto que dura ya 40 años (desde la retirada de España del territorio saharaui). Entre 2007 y 2008 se llevaron a cabo reuniones entre las partes del conflicto en Manhasset (Nueva York), si bien fracasaron por la obstinación de las Delegaciones.

Desde 2004 han pasado por el cargo de Enviado Especial para el Sáhara Occidental tres mandatarios: Álvaro Soto, Peter van Walsum y Christopher Ross, ostentando actualmente dicho cargo el ex Presidente de Alemania, Köhler. Ninguno de los anteriores ha logrado cambiar el statu quo de la ex-provincia española, ni tan siquiera lograr una mínima aproximación de posturas.

Mientras tanto, 250.000 almas esperan en el desierto argelino el retorno a sus tierras -una vuelta que se antoja imposible por la falta de ideas del Frente Polisario que, desde el final de la guerra en 1991, no ha sabido analizar los cambios políticos-. Las élites del Frente Polisario se han dedicado durante este tiempo a hacer política y, lamentablemente, ni es su oficio ni son conocedores de sus artimañas. Además, la dependencia política y económica de Argelia deja poco margen de maniobra a las Autoridades Saharauis en la toma de decisiones que conciernen a su pueblo.

En los campamentos saharauis la crítica constructiva y la oposición hacia el Gobierno Polisario brillan por su ausencia, hasta tal punto que cualquier opinión contraria a su administración es vista con rechazo y como un intento de división de los saharauis. El hastío de una juventud sin posibilidad de futuro en los campamentos se ha convertido en una aceptación de la triste realidad.

En esta guerra la gran perdedora es la población civil saharaui que, en el lado oeste del muro marroquí, vive bajo la opresión y la pobreza y, en los campamentos de Tinduf, en una eterna miseria alineada con falsas esperanzas de vuelta a su patria.

Lo cierto es que el futuro del conflicto saharaui y las negociaciones que emprenderán el Frente Polisario y Marruecos terminarán con idéntico resultado que las anteriores. El reino marroquí pondrá todas las trabas que convengan a su posición e intereses, sin que ello le cueste reprimenda alguna por parte de la comunidad internacional y el Frente Polisario volverá a los campamentos con un triunfo imaginario que añadirá un poco de esperanza a la población refugiada.

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